Lo que hacemos — 28 March 2012

En  momentos en los que el país se encuentra sometido por una camarilla autocrática y militarista empeñada en inventarnos un futuro desde la ideología y el terror, no podemos perder de vista que el verdadero reconocimiento del individuo lo da el Estado de Derecho.

Sin dudas, ante un régimen como este, el Estado de Derecho, representa para la sociedad venezolana el marco de una definición convincente de persona, y el gestor de su autocomprensión y autorespeto como ciudadano en un mundo civilizado. De hecho es, junto a la sociedad civil y la economía de mercado, la trilogía indispensable en la conformación de una democracia moderna.

Según el principio que guía la separación de poderes, la administración de justicia debe mantenerse a salvo del arbitrio del Gobierno y del Gobernante para que no se pervierta La República -gobierno de la ley y no de los hombres- y degenere en tiranía. Precisamente, lo que ha ocurrido con el caso de la juez María Lourdes Afiuni, atropellada en todos sus derechos como juez y como persona, por administrar la justicia en el país de manera correcta y con estricto apego a la legalidad y a los procedimientos exigidos. Con ella, con su caso, se ha puesto de manifiesto el brutal atropello que cada día sufre La República y su soporte, el Estado de Derecho, de manos de una tiranía militarista que ha pulverizado la noción de libertad y con ello nuestra condición de ciudadanos. Si queremos que el chavismo de paso a una nueva cultura democrática, tenemos que visionar un país sustentado con un discurso republicano que impulse el reconocimiento de todos como ciudadanos dentro de un Estado de Derecho.

El mundo de las organizaciones democráticas de Venezuela no deben olvidar que, el Estado de Derecho, con sus principios, siempre pone en funcionamiento mecanismos que instituyen justicia entre sus ciudadanos. Que permite construir soluciones viables dentro de una sociedad plural. Que permite afrontar los retos y superar los obstáculos con procedimientos que orientan las existencias de los ciudadanos por caminos democráticos. Por eso mismo, el Estado de Derecho, en estos momentos tan difíciles, luce insuperable a la hora de agregar voluntades y entusiasmar a la gente en la reconstrucción de nuestra esfera política y nuestra sociedad civil y su conciencia cívica maltrecha y muy deteriorada.

El atropello brutal que hoy sufre la juez Afiuni, con la vulneración de sus derechos consagrados constitucionalmente, nos alerta acerca del riesgo y el peligro de ver completamente ahogadas la libertad y la justicia en el país. No nos cabe ninguna duda: la Afiuni somos todos.

Ante un régimen como éste, tan proclive a responder con atropellos judiciales frente a todo aquello que se oponga a sus pretensiones ideológicas de dominación totalitaria, el Estado de Derecho luce inmejorable a la hora de canalizar el empeño de una pluralidad de ciudadanos venezolanos de cumplir la promesa de la política: vivir juntos y compartir el país con una libertad mutuamente garantizada. Definitivamente, la Afiuni somos todos.

 

 

 

JORGE   TRICÁS

Caracas  25 de Marzo de 2012

 

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